Adicto a la Oficina
¿Cantidad o calidad de trabajo?
Dedicarle invariablemente más horas al trabajo cotidiano, en ocasiones puede ser un síntoma de desorganización, si no es que de inestabilidad personal y profesional
Quedarte a trabajar más allá del horario ordinario, puede ser válido cuando se trata de una situación extraordinaria. Sin embargo, cuando esto se convierte en tu patrón de conducta, debes preguntarte qué te está pasando.
Que todos sepan que siempre eres de los últimos en salir, no significa que a la empresa le impresione tu dedicación. En el mejor de los casos, no le darán mayor importancia o pensarán que si tú eres así, ese es tu problema. En otras, de hecho, prohíben a los empleados permanecer más allá de cierto horario, por razones de seguridad o de ahorro de energía. En empresas con áreas de recursos humanos profesionales, lo más seguro es que les inquietará que te tomes tanto tiempo en cubrir tus metas.
Así que, lejos de aplaudir una actitud de esta naturaleza, la empresa debería estar preocupada por tu situación.
¿De dónde viene esta actitud?
La pregunta clave es ¿por qué permaneces tanto tiempo en tu trabajo? ¿Es realmente necesario que lo hagas? ¿Estás ocupando efectivamente tus horas de jornada ordinaria? ¿Existe alguna manera de desempeñarte más rápido y mejor?
Si la razón de quedarte más tiempo del que te corresponde se debe a falta de apoyo, es necesario hacer un alto en el camino y exigirle a tu superior que te proporcione los insumos necesarios para trabajar a un ritmo tolerable.
Sin embargo, si cuentas con todos los recursos para desempeñar tu actividad, sería prudente que hagas un análisis a conciencia sobre tu permanencia voluntaria en la organización.
Si la razón tampoco tiene que ver con una falta de eficiencia en el desempeño de tus tareas, cabría preguntarse si estás envuelto en un proceso de adicción a la oficina y/o al trabajo que puede llegar a agotarte física y mentalmente. Se dice que el síndrome del Burn out (ser consumido por el fuego, en inglés), deriva precisamente de largas jornadas de trabajo, durante las cuales el colaborador no tiene tiempo para reponer su energía. Este tipo de padecimientos genera males físicos como gastritis, cefaleas y dolores musculares; también produce otros efectos como stress, depresión y/o agresividad.
No descuides lo más valioso
Quizá lo más grave para quienes son adictos a la oficina, es que están descuidando otros aspectos importantes. Se trata de colaboradores que restan valor no sólo a su bienestar físico, sino que además no se interesan por su participación en los ámbitos familiar, social, cultural y espiritual.
Este análisis no es sencillo. Implica tener el valor de enfrentar los miedos y debilidades de cada persona.
El riesgo radica en darte cuenta de que permaneces más tiempo en la oficina porque sólo ahí te sientes bien, no deseas o no quieres estar en otro sitio o bien, porque solamente en ese espacio estás seguro y tranquilo.
Descubriendo tu oasis personal
Sin duda, el trabajo es muy importante, pero no lo es todo. De hecho, si quieres ser un colaborador imprescindible para tu empresa, debes estar en buenas condiciones (físicas y mentales) para rendir al máximo.
Ello implica descanso y estabilidad emocional; en otras palabras, debes estar sano en todos los sentidos.
Si identificas que eres un adicto a la oficina, la sugerencia consiste en buscar ayuda profesional de inmediato.
Entre las opciones para vencer esta adicción están la de obligarte a dedicarle tiempo a una actividad que te guste y te relaje, como hacer un poco de ejercicio, desarrollar habilidades artísticas, etcétera. Cualquier opción puede convertirse en tu pequeño oasis. Un escape por lo menos tres veces por semana, sería genial para empezar.
Trata de acercarte más a la familia y a los amigos, pídeles ayuda, exprésales cómo te sientes.
Tal vez no lo notes, pero esta adicción está mermando tu salud y tu calidad de vida de manera importante. Aunado a ello, considera que toda empresa exitosa valora más la calidad que la cantidad de tu trabajo.
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